…el magnetismo solar

El sol está bajo, casi poniéndose, son poco más de las ocho y media de la tarde. Pese a que avanzo con cierta presura y no paro de sortear obstáculos en forma de peatones, no ceso de mirar a mi derecha. Intermitentemente, controlo donde apoyo mis pies, por qué lado esquivar al próximo viandante, echo un vistazo al cronómetro, y vuelvo a mirar a mi derecha. Poco a poco, los transeúntes comienzan a caminar más despacio y los que plácidamente charlan en pie junto al pretil dejan de mirarse a los ojos, y empiezan a fijar su mirada allá donde varias cámaras de fotos comienzan a apuntar.

Una nube extraviada dice amenazar con ser el único testigo del espectáculo, pero, afortunadamente, sus palabras se las lleva el viento. Hoy nada podrá impedirlo. Vuelvo a mirar mi reloj, voy bien de ritmo, y de nuevo giro mi cabeza. Puntual a su cita, el sol comienza a tocar el horizonte. Algunos hablan sin que nadie les preste atención, y decenas de cafés se enfrían en las terrazas. Hay parejas que cruzan cómplices miradas, mientras se agarran con más fuerza.

La arena de la playa acomoda a pequeños grupos que comparten este momento, además de compartir un par de botellas y algo que parece echar humo. En primera fila, sobre la misma orilla, posan trípodes en busca de la imagen perfecta. Lástima que la marea esté llena y no se puedan poner 50 metros más cerca de algo que se encuentra a 150 millones de kilómetros.

Sólo ha pasado un minuto y ya tiene el agua por la cintura. Me levanto las gafas de sol y sigo pendiente. La quietud que se respira en la acera encuentra contraste en la prisa del sol por ocultarse. Parece ir mucho más rápido, como si fuera consciente de que todos lo observan. No creo que lo haga por vergüenza, aunque un poco rojo sí que se ha puesto.

Junto a la silueta de un carguero, su último destello se despide hasta el día siguiente, prometiendo ser puntual de nuevo. Como si de un ritual se tratara, muchos miran su reloj para ver la hora exacta, tras lo cual se reanudan los paseos, las charlas y algún que otro beso. El viento de poniente sopla reclamando un poco más de atención. La nube que amenazaba aún no se ha marchado, aunque su color bien que ha cambiado. Avezados fotógrafos se resisten a apagar sus cámaras con semejante estampa. Sigo corriendo.

En el mar comienzan a encenderse pequeños puntos de luz sobre el horizonte, mientras en el cielo reflejan su estela los vuelos transoceánicos. Y en esto, no han pasado ni 5 minutos. Vamos, ya sólo me quedan 50 para terminar.

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One Response to …el magnetismo solar

  1. jen dice:

    Los corredores de fondo tenemos mas mundo, sin duda

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