…que hoy no ha podido conmigo

Me quedo dormido. No sé si será el calor de Julio o el haber dejado de lado el ejercicio. No lo sé. O a lo mejor es que estoy redescubriendo la extrema comodidad de mi sofá (…puedo asegurar que da un calor agobiante…). El caso es que dan las cuatro de la tarde y me quedo sopa, sin mediar esfuerzo alguno. La tele ahí encendida, frente a mi cómoda postura, y yo que casi no atiendo a los videos que pone Micky Nadal, como si no me interesaran lo más mínimo. El mando de la tele ya se prepara para su próximo salto de mi mano al suelo. La tele no va a apagarse sola, pero da igual.

Y así un día, otro y otro. Y lo mal que se levanta uno luego, empapao y como si en lugar de una hora de sueño llevara 3 horas nadando en el Niágara. Vaya paliza.

Pero no. Hoy que escribo esta entrada sobre mis siestas, no. Hoy no ha podido conmigo. La sobremesa ha sido una de esas que quedan en el recuerdo, una de las que los verdaderos aficionados aguardan con ilusión. A la hora en la que mi pulso pone su ritmo más relajado, hoy latía con la misma cadencia con la que el pelotón afrontaba las primeras rampas del mítico Alpe D’Huez.

Bajo un cielo despejado y un sinfin de coches aparcados a los lados de la calzada que auguran un ambiente desbordado, el grupo de los favoritos encara el comienzo de la ascensión. Varios kilómetros atrás quedaron el mítico Croix de Fer y el gigante Galibier, que segaron las pocas opciones de los sprinters y mellaron las fuerzas de los protagonistas de la tarde. La dureza es extrema y la gloria espera a casi 2000 metros de altitud.

A vista de helicóptero se observa la mezcla de tensión y desgaste. Sólo falta un puerto por subir y nada ha cambiado, los grandes maestros aún no han movido ficha. Los escapados ya saben que no llegarán muy lejos, pues la guerra por el amarillo se los llevará por delante casi sin quererlo. Es el momento. Si, es el momento de quitarse el auricular y romper la carrera. El momento de ganar el Tour. Tres semanas de carrera concentradas en una rampa de 15 kilómetros. 14 ya. Unos metros más… ¡Ataca Carlos Sastre!

Queda casi toda la ascensión, más de tres cuartos de hora por delante. El grupo se mueve, hay mucho en juego. El ataque es respondido por la decena de favoritos, que se lanzan a por él. Pero esto no ha sido para tantear, va en serio, ¡vuelve a lanzar otro ataque! Esta vez demoledor y el hueco comienza a abrirse. En el grupo, reducido a los genios de la montaña, comienzan las dudas, y cada duda es un segundo más de ventaja.

Sastre no para. Ya sabe que va a ser muy duro, que queda mucho, pero es ahora o nunca. La diferencia sube a 20 segundos, 30, 40. Atrás no lo ven claro, y las fuerzas menguan. Menos el desnivel de la carretera, todo está a favor. La cadencia del nuestro parece hacer llanas las rampas, va encendido, es su oportunidad. 5 kilómetros para la cima.

La victoria es suya. Nadie va a poder dar caza a nuestro escalador, pero sobre el asfalto se mueve un nuevo factor. A mitad de puerto Sastre es ya el lider virtual de la ronda. Hay que seguir adelante, es la hora de dar el golpe, de desplegar años de entrenamiento, de recoger lo sembrado. Pasa otro kilómetro y vuelve a ampliarse la ventaja. La cima de L’Alpe D’Huez se empieza a confundir con los Campos Elíseos, pero no es el momento de los sueños, hay que continuar pedaleando. Otra curva más, otra pintada de VAMOS SASTRE sobre un asfalto más blanco que negro que refleja la pasión por el ciclismo. El pasillo hacia la gloria está abarrotado de aficionados enfervorecidos que empujan con sus gritos de ánimo, dando un calor mucho más agradable que el que marca el termómetro.

¡Y ya enfocan las cámaras de meta! Va a ganar en este histórico puerto, la etapa está en el bolsillo, pero aún se puede arañar algún segundo más, que el domingo queremos verte de amarillo… ¡Qué gran victoria!

1’24”

Esa es la ventaja en la general. La contrarreloj del sábado promete ser apasionante. Otro verdadero espectáculo. Yo no podré verla por motivos de trabajo, pero hoy he vuelto a sentir esa sensación que desde hace más de 15 años acompaña mis meses de julio, desde aquel primer triunfo del gran Indurain. Hoy no he pegado ojo en toda la tarde. Hoy la siesta no ha podido conmigo.

Ni con muchos.

AFP

Foto: AFP

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One Response to …que hoy no ha podido conmigo

  1. kapichi dice:

    Dedicado al bloggero wuda, un gran aficionado que pronto cambiará el sofá por el sillín 😀

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